
La última entrada de este puto lindo año.



AHORA QUE TENGO 20 AÑOS
Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerzas,
que no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre.
Ahora que me siento capaz
de cantar si otro canta.
Hoy que aún tengo voz
y aún puedo creer en dioses...
Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua,
al trigo y al camino, que voy pisando.
A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro,
y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro.
Quiero alzar la voz por una tempestad,
por un rayo de sol,
o por el ruiseñor
que ha de cantar al atardecer.
Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerzas,
que no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre.
Ahora que tengo veinte años,
hoy que el corazón se me dispara,
por un instante de amar,
o al ver un niño llorar...
Quiero cantar al amor. Al primero. Al último.
Al que te hace padecer. Al que vives un día.
Quiero llorar con los que están solos,
y sin ningún amor van pasando por el mundo.
Quiero alzar la voz, para cantar a los hombres
que han nacido de pie,
que viven de pie,
y que de pie mueren.
Quiero y quiero y quiero cantar.
Hoy que aún tengo voz.
Quién sabe si podré mañana.
Pero hoy sólo tengo veinte años.
Hoy aún tengo fuerzas,
y no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre...





En marzo llegó a mi casa otra gata, una rusia petiza muy flaite y con sólo unos cuantos meses. Era tan chica que parecía un pollito de feria, y tenía las patitas tan cortas que no podía subir la escalera. Le pusimos Marilyn como la Monroe para burlarnos de su versión gatura tercermundista. Era lejos la gata más pará en la hilacha que había visto, le pegaba a las otras dos gatas y no le temía al gato macho ni al perro, de hecho pasa en la casa de este último durmiendo con él o robándole la comida. Nos encariñamos mucho con esta gata poco tierna y buena para los mordiscos, voluntariosa como ella sola y adorable a la vez.
La semana pasada decidimos operarla porque ya estaba crecidita y agosto ya comenzaba, además de que el gato macho le pegaba cada vez que la veía, así que suponíamos que debía estar desprendiendo algún olor relacionado con su condición femenina, por lo tanto la dejé en la noche donde el veterinario y hoy recibo una llamada de él.
- Hola, ¿cómo se llamaba tu gata?
- Marilyn
- Ah, lo que pasa es que iba a operarla y la revisé…. Y tu gato es un machito…
- ¿QUÉ?
- Sí, le había rasurado la guatita y antes de operar revisé y es macho.
- Asdf… claro, anoche no le revisamos el sexo.
- Es que como tú eres experta en gatos…
- ¿AH? Ejem, yo no soy experta en gatos ¬¬ de hecho usted es el experto en el tema, no yo.
- Bueno, en este momento está anestesiado y te llamaba para preguntarte si lo castro o no.
- Asdf…
- Yo te lo recomiendo, es lo que se hace con los gatitos.
- Eeeeh… bueno :/
Y esa es la historia de mi querida Petita, resultó ser un Petito, un Marilyno rebelde, un machote rudo que nunca se comportó como dama, ahora calza todo, principalmente la razón por la que Chancho Rey le pegaba siempre que se le cruzaba.
PS. Y terminé de convencerme que mi perro es gay.













Este cuestionamiento casi ontológico que me hice por 17 años estuvo en suspenso al menos 3 años, para que hoy lo retome y le dé un par de vueltas más. El porqué siempre lo relacioné a factores externos, sin ver la tremenda viga que tenía en mi ojito, cosa que recién pude ver hace unos meses atrás. Al despedirme de mis nenes, y tomando mi camino rumbo a casa luego de un día pajero de U me respondí sin más trámites ‘es por ser como soy’.
‘Ser como soy’ parece ser una idea abstracta que no explica nada, sin embargo quien me conoce un poco sabría a lo que me refiero, así que voy desmenuzando la idea que envuelve a la viga de mi ojo. Primero que todo tengo un carácter de mierda, explosivo, digno de Katie Kaboom. No suelo tomarme las cosas a la ligera y en general me molesto por cosas que para el resto no valen nada, y que sin embargo para mí algo valen… pienso que quizás no debería hacerlas valer y que de vez en cuando no sea tan malo esconder el polvo bajo la alfombra. Segundo, tengo la mala manía de tener casi siempre una opinión, y la fundamento con el fin de que la otra persona entienda mi punto de vista, pero la defiendo tanto que pareciera que quiero hacer cambiar al otro su pensamiento. Tercero, soy demasiado perfeccionista, si veo que algo anda mal trato de solucionarlo con el fin de hacer la relación más amena, sin embargo me resulta todo al revés, es por ello que quizás sería mejor aceptar los defectos e imperfecciones, y vivir la vida libre como diría una ex profesora de biología.
Pareciera que estos tres puntos resumen y explican más menos el ‘ser como soy’, que me ha traído más de una discusión de pareja, y digo de pareja porque no suelo discutir con mis amigos, lo cual me deja aún más atónita (mis amigos deben quererme mucho para soportarme, claramente).
Ahora bien, no tengo espíritu masoquista y no voy a dejar de considerar algunos puntos que quizás algo tienen que ver, ya que al especular sobre el porqué, más de alguna idea deja de ser absurda por naturaleza y toma un sentido coherente.
Ahora marque la alternativa correcta xD
Nah, me siento aliviada de escribir tanta weá que se me pasa por la cabeza, quizás así desocupo un poco el disco duro de mi seso y a la vez hago que mi viga disminuya.